Los agujeros negros son cosa de científicos y a nadie le ha preocupado lo mas mínimo como se forman, cual es su estructura o que papel juegan en la evolución del cosmos. Estos orificios no suelen ser noticia, no atraen la atención del ciudadano y no generan conversaciones en las redes sociales, porque no forman parte del mercado. Quizás sea por esto que la opinión pública no se haya movilizado ante tamaña catástrofe como la que se está viviendo en las otrora límpidas aguas del Golfo de Méjico, por el bestial vertido de crudo, que, al decir de los expertos no cesará hasta el próximo mes de agosto.
Una vez mas, las consecuencias de los delirios de nuestra soberbia humana acaban por ponernos los pies en el suelo, esta vez en el agua; los mas modernos y sofisticados artilugios inteligentes, lo mas granado de la clase científico-petrolero-sacabolsas-marino, no son capaces de detener el chorro de muerte negra que sale de las entrañas de ese agujero negro, producido por el egoísmo y la estulticia humanas.
Pero, ¿Cómo es posible que a nadie se le haya ocurrido planificar las acciones de emergencia necearías para paliar los efectos de una catástrofe de esa magnitud? ¿Se imagina alguien a un barco sin chalecos ni botes salvavidas? ¿Hemos estado y estamos viviendo al albur de que este tipo de catástrofes, totalmente evitables, se repliquen a lo largo y ancho de este maltratado planeta? ¿Es que no tenemos bastante con sufrir los cataclismos que la naturaleza por sí sola, y con nuestra ayuda, va provocando?
Parece como si la tecnología nos condenara a vivir en la inmediatez, y es por ello que las reacciones redessocialeras, solo se producen ante fogonazos informativos; los temas de gran calado, pasan inadvertidos y muy pocos le prestan atención; si a esto añadimos la distancia que nos separa del agujero, la yoyótica nos invade y nos consolamos diciendo, pues que se preocupen los que estén cerca.