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Archive for the ‘ciencia’ Category

Casi sin darnos cuenta, y a golpe de tecla, hemos ido desnudándonos en el ágora digital, renunciando a nuestra privacidad primero y a nuestra identidad un poco después. Los profetas del pasado, (Alvin Toffler si que se anticipó a su tiempo, en más de veinte años), nos dicen en sus sermones que todo esto es muy bueno, porque seremos mas libres, y la sociedad seguirá progresando. Nada que objetar a tales planteamientos, pero lo cierto es que aun no tenemos la suficiente perspectiva como para evaluar el impacto social de estas innovaciones. No, no soy ludita, llevo más de cuarenta años en esto de las TIC, y seguiré poniendo mi granito de arena, para que la tecnología siempre esté a al servicio de la sociedad y no al revés.

De tanto reconstruirnos, empezamos a parecernos a esos ceros y unos que conforman el sistema binario, el lenguaje de los dioses al decir de Leibnitz.  Solos no somos nada, siempre tenemos que formar parte de algo, en compañía de otros dígitos binarios; nuestra identidad individual ha desaparecido en aras de una tagización un tanto aleatoria. Los bits son manipulados por programas de aplicación, sistemas operativos, protocolos de comunicación, mecanismos de compresión, y un sinfín de artilugios que nos descontextualizan en origen para luego replicarnos en destino.

Si fuéramos un saco de células, nada debiera preocuparnos, pues el azar y la necesidad ya se ocuparán de configurar nuestro destino.

Para los que creemos en ser algo mas que unas células de laboratorio, podemos recurrir al símil con los ordenadores, con la metáfora de los tres sistemas operativos en los que se basa nuestra existencia y que gestionan los distintos niveles que conforman nuestro ser: Jaso (sistema nervioso), Metaso (sistema neuronal) y Alfo (nuestra alma). La interface Metaso/Alfo, marca la frontera entre la vida virtual de laboratorio y nuestra existencia vital. Alfo no es replicable.

1 de mayo de 2010

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El 26 del pasado mes de agosto, publiqué en este blog una entrada en la que, bajo el título Los latidos del universo, exponía mi visión de un universo de universos, como pura metáfora que no como teoría científica. Ocho meses después, los medios de comunicación anunciaron la publicación de una investigación realizada por el científico Nikodem Poplawski, con la que sustenta la idea de que nuestro universo está dentro de otro universo mucho mayor. Al hilo de estas investigaciones, me tomo la libertad de ampliar aquella metáfora.

La tesela cósmica

El cosmos podría ser considerado como un universo de universos, si aceptamos que el Big Bang se inicia cuando se extingue el universo anterior, actuando así como nodo conector entre ambos, dejando de ser por tanto, el principio de nada, para convertirse en un elemento de pura continuidad.

De acuerdo con este proceso, un universo podría representarse como un rombo, rodeado de otros muchos, y formando entre todos un mosaico de universos, interconectados por diferentes Big Bang; en este mosaico, cada universo seria una tesela cósmica.

El Big Beat

La expansión creada por un Big Bang alcanza su máximo durante la primera fase de evolución, diástole cósmica, y  a partir de este momento se inicia un proceso de compresión, sístole cósmica, que precede a otra diástole. Si todas las teselas cósmicas siguen este principio de funcionamiento, podríamos concluir que el cosmos no estaría gobernado por grandes explosiones (Big Bang), sino por latidos (Big Beat).

Los flujos del tiempo

El tiempo fluye en la misma dirección durante la fase de diástole, revertiéndose el sentido durante la sístole. Esto permitiría viajar en el tiempo, simplemente saltando entre dos flujos. Si una nave espacial viajara hacia los confines del universo, acabaría siempre regresando al punto de partida, a menos que encontrara un agujero temporal para así saltar de un universo a otro.

La inmensidad de Dios

Al hilo de la metáfora que estoy presentando, la recreación, el 30/03/10, de un mini Big Bang en el acelerador de partículas del CERN, hubiera podido elevarnos a la categoría de semidioses; ya solo faltaría recrear el fin del universo para que pudiéramos considerarnos como dioses. Las teorías de Nikodem Poplawski, podrían habérselo puesto difícil a nuestros científicos, pues el principio de algo, no seria mas que el final de una sístole cósmica de otro universo.

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