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Posts Tagged ‘astronomia’

El 26 del pasado mes de agosto, publiqué en este blog una entrada en la que, bajo el título Los latidos del universo, exponía mi visión de un universo de universos, como pura metáfora que no como teoría científica. Ocho meses después, los medios de comunicación anunciaron la publicación de una investigación realizada por el científico Nikodem Poplawski, con la que sustenta la idea de que nuestro universo está dentro de otro universo mucho mayor. Al hilo de estas investigaciones, me tomo la libertad de ampliar aquella metáfora.

La tesela cósmica

El cosmos podría ser considerado como un universo de universos, si aceptamos que el Big Bang se inicia cuando se extingue el universo anterior, actuando así como nodo conector entre ambos, dejando de ser por tanto, el principio de nada, para convertirse en un elemento de pura continuidad.

De acuerdo con este proceso, un universo podría representarse como un rombo, rodeado de otros muchos, y formando entre todos un mosaico de universos, interconectados por diferentes Big Bang; en este mosaico, cada universo seria una tesela cósmica.

El Big Beat

La expansión creada por un Big Bang alcanza su máximo durante la primera fase de evolución, diástole cósmica, y  a partir de este momento se inicia un proceso de compresión, sístole cósmica, que precede a otra diástole. Si todas las teselas cósmicas siguen este principio de funcionamiento, podríamos concluir que el cosmos no estaría gobernado por grandes explosiones (Big Bang), sino por latidos (Big Beat).

Los flujos del tiempo

El tiempo fluye en la misma dirección durante la fase de diástole, revertiéndose el sentido durante la sístole. Esto permitiría viajar en el tiempo, simplemente saltando entre dos flujos. Si una nave espacial viajara hacia los confines del universo, acabaría siempre regresando al punto de partida, a menos que encontrara un agujero temporal para así saltar de un universo a otro.

La inmensidad de Dios

Al hilo de la metáfora que estoy presentando, la recreación, el 30/03/10, de un mini Big Bang en el acelerador de partículas del CERN, hubiera podido elevarnos a la categoría de semidioses; ya solo faltaría recrear el fin del universo para que pudiéramos considerarnos como dioses. Las teorías de Nikodem Poplawski, podrían habérselo puesto difícil a nuestros científicos, pues el principio de algo, no seria mas que el final de una sístole cósmica de otro universo.

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Los estudios e investigaciones sobre la función de producción agregada, la productividad multifactorial, la productividad total de los factores y, mas recientemente, la función de la frontera de posibilidades de producción, no han conseguido, hasta la fecha, fijar con exactitud ese elemento en el que radican los incrementos de productividad y por consiguiente, de desarrollo económico; por ello, Castells (2006), nos habla de continuar a “la búsqueda del resto perdido”. Quizás la respuesta no es otra que encontrar un elemento catalizador, que pudiera aplicarse a un proceso de catálisis, generador de incrementos de productividad. Aquí y ahora, parece que no hemos encontrado el catalizador adecuado, pero, aun seria mucho peor, que nadie lo estuviera buscando. 

Aplicando los elementos TESTA a una hipotética brújula binaria, nos encontraríamos con los siguientes puntos cardinales: tecnología, Sociedad, Empresa, trabajo; de acuerdo con esta configuración espacial, el norte de nuestra existencia estaría fijado por la tecnología, que, transformando la organización y operativa de las empresas y el mercado laboral, configura un nuevo modelo de sociedad. 

Recuperar el equilibrio perdido de nuestra plataforma existencial, nos exige prestar la máxima atención a la evolución de los cuatro pilares que la sustentan, desde una perspectiva holística, que no desintegrada. Si queremos conseguir un progreso sostenible, se hace de todo punto necesario, que todas y cada una de las personas que ejerzan cualquier tipo de  liderazgo social, aprendan y practiquen, el quadrivium para la sociedad de la información.

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En la Edad Media, cuatro de las siete artes liberales con índole matemática: astronomía, aritmética, geometría y música, se estudiaban siguiendo al trivium, como parte de las enseñanzas escolásticas. Se consideraba que la Astronomía (tecnología) era el estudio del espacio en movimiento, que la Aritmética (empresa) era el estudio del número en estado puro, que la Geometría (sociedad) era el estudio del espacio en estado puro, y que la Música (trabajo) era el estudio del número en movimiento. Las similitudes añadidas a cada una de las artes liberales, podrían justificarse de la siguiente forma. La técnica ha sido siempre el motor de toda actividad humana. Durante mucho tiempo, los números, y solo los números han constituido el sustrato de toda actividad empresarial, por mucha RSC que se venga aplicando últimamente. La sociedad es el espacio en que se desarrolla nuestra existencia, y el trabajo es la música que acompaña a nuestra actividad laboral o el ominoso silencio de nuestros desempleos.

La plataforma en la que se asienta nuestra experiencia vital, se sustenta en esos cuatro pilares, cuyas siglas se corresponden con la palabra TESTA, es decir, que con la inteligencia que se supone llevan dentro nuestras cabezas, deberíamos ser capaces de  mantener el equilibrio con el desarrollo armónico de las columnas que lo sustentan. En los tiempos que corren, el desequilibrio es manifiesto; la tecnología va por libre y corre desbocada, las empresas encuentran serias dificultades para aprovechar su potencial, la sociedad está desorientad y no sabe que camino tomar, y los niveles de ocupación por los suelos. Esta es la foto fija del aquí y ahora, pero que nadie dude que la de aquí y mañana, podría ser radicalmente distinta, si encontrásemos la forma y manera de transformar el potencial de la tecnología en mejoras sustantivas de bienestar social.

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