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Los estudios e investigaciones sobre la función de producción agregada, la productividad multifactorial, la productividad total de los factores y, mas recientemente, la función de la frontera de posibilidades de producción, no han conseguido, hasta la fecha, fijar con exactitud ese elemento en el que radican los incrementos de productividad y por consiguiente, de desarrollo económico; por ello, Castells (2006), nos habla de continuar a “la búsqueda del resto perdido”. Quizás la respuesta no es otra que encontrar un elemento catalizador, que pudiera aplicarse a un proceso de catálisis, generador de incrementos de productividad. Aquí y ahora, parece que no hemos encontrado el catalizador adecuado, pero, aun seria mucho peor, que nadie lo estuviera buscando. 

Aplicando los elementos TESTA a una hipotética brújula binaria, nos encontraríamos con los siguientes puntos cardinales: tecnología, Sociedad, Empresa, trabajo; de acuerdo con esta configuración espacial, el norte de nuestra existencia estaría fijado por la tecnología, que, transformando la organización y operativa de las empresas y el mercado laboral, configura un nuevo modelo de sociedad. 

Recuperar el equilibrio perdido de nuestra plataforma existencial, nos exige prestar la máxima atención a la evolución de los cuatro pilares que la sustentan, desde una perspectiva holística, que no desintegrada. Si queremos conseguir un progreso sostenible, se hace de todo punto necesario, que todas y cada una de las personas que ejerzan cualquier tipo de  liderazgo social, aprendan y practiquen, el quadrivium para la sociedad de la información.

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En la Edad Media, cuatro de las siete artes liberales con índole matemática: astronomía, aritmética, geometría y música, se estudiaban siguiendo al trivium, como parte de las enseñanzas escolásticas. Se consideraba que la Astronomía (tecnología) era el estudio del espacio en movimiento, que la Aritmética (empresa) era el estudio del número en estado puro, que la Geometría (sociedad) era el estudio del espacio en estado puro, y que la Música (trabajo) era el estudio del número en movimiento. Las similitudes añadidas a cada una de las artes liberales, podrían justificarse de la siguiente forma. La técnica ha sido siempre el motor de toda actividad humana. Durante mucho tiempo, los números, y solo los números han constituido el sustrato de toda actividad empresarial, por mucha RSC que se venga aplicando últimamente. La sociedad es el espacio en que se desarrolla nuestra existencia, y el trabajo es la música que acompaña a nuestra actividad laboral o el ominoso silencio de nuestros desempleos.

La plataforma en la que se asienta nuestra experiencia vital, se sustenta en esos cuatro pilares, cuyas siglas se corresponden con la palabra TESTA, es decir, que con la inteligencia que se supone llevan dentro nuestras cabezas, deberíamos ser capaces de  mantener el equilibrio con el desarrollo armónico de las columnas que lo sustentan. En los tiempos que corren, el desequilibrio es manifiesto; la tecnología va por libre y corre desbocada, las empresas encuentran serias dificultades para aprovechar su potencial, la sociedad está desorientad y no sabe que camino tomar, y los niveles de ocupación por los suelos. Esta es la foto fija del aquí y ahora, pero que nadie dude que la de aquí y mañana, podría ser radicalmente distinta, si encontrásemos la forma y manera de transformar el potencial de la tecnología en mejoras sustantivas de bienestar social.

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No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro,
Pero en algún recodo de tu encierro,
 Puede haber una luz, una hendidura,
Jorge Luis Borges (Para una versión del “I King”)

 Si no investigas estás fuera de mercado pasado mañana, si no desarrollas lo estarás  mañana, si no innovas tu futuro fue ayer, y si no perteneces a ninguna red social, es que no existes. 

En román paladino, en ciberlenguaje, en jerga tecnológica, en terminología estratégico-empresarial, o en esperanto, esos son los mensajes que recibimos en la inmersión mediática en la que nos ha sumergido tanto  evangelizador digital, que se sube al estrado para garrapatear futuros inventados, que no virtuales ni empíricos. 

El Impulso a la investigación, no se transformará en riqueza: si a los investigadores se les somete a un igualitarismo que les hace iguales a cualquier otro trabajador de bata blanca, si la sociedad vive de espaldas a un futuro que le espera a la vuelta de la esquina, si la yoyótica impide al ciudadano preocuparse de lo que hay mas allá de la burbuja digital que le han fabricado, y si los dirigentes-no-políticos-en ejercicio no salen a la palestra para explicar eso del impulso a la investigación: quien, cuanto, como y donde, el quadrivium del progreso

En los acelerados tiempos que corren, la Duda, aunque parezca un contrasentido, se ha convertido en auténtico motor empresarial, pues habitamos en un periodo de entorno incierto, agravado por la letra (Ley del audiovisual) o la música (Ley de la economía sostenible), que suelen aparecer por sorpresa en la parte superior donde se inserta la real firma. Objetivos estratégicos móviles y escenarios virtuales, constituyen la piedra berroqueña sobre la que, con nuestro cincel de silicio (I+D+i), deberemos moldear el futuro empresarial que nos ocupa y alimenta. En estas circunstancias, Darwin podría moverse a sus anchas, pues no solo es cuestión de tener una buena hoja de ruta, hay que estar dotado de músculos potentes y ágiles para caminar por ella. 

La empresa que no tenga ninguna revolución pendiente, parece estar  fuera de su tiempo. En cualquier conferencia, mesa redonda o jornada, los gurús de programa, te lanzarán dos o tres revoluciones pendientes; a la salida del evento se te queda neurona de tonto al hacerte una pregunta de difícil respuesta ¿y como he podido subsistir hasta ahora sin revolucionarme? Esta pregunta suele transformarse en una impaciencia real, para tratar de recuperar un pasado virtual perdido. 

Casi todas las flechas que aparecen en los esquemas operativos, suelen tener la misma longitud, lo que nos lleva a la conclusión inconsciente de que el factor tiempo no existe ni se aplica a la metodología sintetizada en el dibujo. La realidad es bien distinta, pues para lograr una innovación paciente, deberán tenerse en cuenta tres factores temporales imprescindibles: TTM, bien conocido por todo ejecutivo que se precie de serlo, al que habría que añadir, un TTS (Time To Succes), y otro aún mas importante, TTF (Time To Failure). La relación entre estos factores podría resumirse así: TTF<<TTS, TTS>>TTM. 

El principio de causalidad, no suele ser aplicable en el entorno socioeconómico, deberíamos recurrir a los principios del I Ching, para darnos cuenta que las mismas metodologías, estrategias u lo que sea, no siempre forman al caer la misma figura. 

No por mucho innovar, amanece el éxito mas temprano, pero si no madrugas, el éxito pasa de ti.

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